La rentabilidad del cultivo de la colza comienza mucho antes de la cosecha. En condiciones de secano, donde la disponibilidad de agua durante la siembra y las primeras fases del cultivo es cada vez más irregular, lograr una implantación rápida, uniforme y vigorosa se ha convertido en uno de los principales factores de éxito. Seleccionar híbridos con elevado potencial productivo y adaptación local es una decisión fundamental; sin embargo, la realidad agronómica demuestra que ese potencial solo puede expresarse plenamente cuando la nascencia y el establecimiento del cultivo son óptimos.
Por este motivo, los tratamientos avanzados de semillas están adquiriendo una relevancia creciente, actuando como herramienta complementaria a la genética para maximizar la implantación, proteger la inversión y reducir los riesgos desde el primer día de campaña.